jueves, 14 de octubre de 2010

Transito


Transito


El mar se almizcla de luz
de yeso de tinta y de sal
bebiendo en aguas de cobre.

A mis clamores
les pongo alas
y el rostro de una dama
con dos circonitas algas.

Se oscurecen mis canas
y se tiñen con un tiempo,
donde el reloj se mece
en fantasía de pigmento.

Se embriaga el cielo
de matices lunares
de sonrisas y gestos
y atardeceres glaciales.

Abraza la noche
una fría calma
un sentir ceniciento
una huella en mi alma.

Y yermo se ciñe mi plexo
al eco del viento
cargado de tinieblas
en esta anochecida otoñal.

La pálida bruma
garabatea en el éter
unas siluetas de nácar
engalanadas de tersura.

Enmarañando a las neuronas
mil voces me silban las ondas,
peregrinando a escondidas
las redes de la memoria.

Sonando en mis adentros
cálidas, felinas, amorfas,
yacen en mis sentidos
como rogativas dactilares.

Relampaguean mis impulsos
más tiernos y carnales,
voces de hembra,
que ríen, gimen, suspiran y callan.

Interludios pasionales
que brindan las hojas de otoño
en su lenta caída de los arboles.

Voces me hablan
en los recodos del camino
sedando a mis oídos
y ondulando el aire.

Ocurrencias del espacio
que transitan en la mente
enajenando la ansiedad y la memoria.

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