jueves, 25 de octubre de 2007

MUERE UNA ALONDRA


Muere una alondra

Mutable la voz
Transitando el olvido,
Idioma de voces y ecos perdidos.

Ondas que rallan el azul ultramar,
Y viajan hacia el cosmos
En peregrina ansiedad.

Salieron timbrando el alma
Resonando el espíritu
Con su calida voz
Asolando la garganta.

Sinfónicas flautas y violas
Palabras tildadas de amor.
De afecto de sangre y de daga.

Timbales lejanos de estío
Invaden los crepúsculos y las sombras,
Las palabras se desmoronan
Tiznan del negro del alma.

Caminos de melódica gaita
Dulzaina que el aire exhala
Y en el corazón atruena
En redobles de ausencias.

En el éter se espesan
Fantasmagóricas cadenas
Sueños de hombres
de idolátricas ideas.

Eslabones de carne y fibra de hielo,
Pétalos de piedra y mármol
Que adornan las lapidas del cementerio,

Amores que matan
Y al el espíritu impregna,
Cadenas de sal,
Sabores de agrio paladar.

Ecos sonoros, filamentos
Que el aire seco trasporta
Luces, brillos, destellos,
Pausa sintética.

Se quiebran quejidos dolores
Se arremolinan las hojas
Se filtran rayos del sol en las nubes
La rosa roja sangra y deserta.

En el azul infinito
El abismo devora los sueños
La esperanza su enluta
La muerte camina, a sus anchas.

En el cielo
Muere una alondra
La crisálida parda
Se convierte en un grajo que canta.

Y calida hacia las estrellas
Renace una florerilla blanca
Preludio de primavera
Y canto de la esperanza.

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