miércoles, 17 de septiembre de 2008

Bien venido a casa


Bien venido a casa

Pasas desorbitando mi tiempo,
creciendo y creciendo
en las paredes de ni alma.

Y mi casa se engalana
percibiendo tu perfume
exhalando tu fragancia.

Sintiéndose orgullosa
te regala las llaves
de mi humilde casa.

No es ningún lugar palaciego
ni siquiera esta amueblada
de noble madera,
es un lugar sencillo
donde prima la luz y el aire.

Tiene un comedor
orientado al amanecer,
bañando con un bello paisaje,
sus ventanales miran a la gratitud
y en sus cristales no hay opacidad,
son de radiante trasparencia.

Tiene una morada para dormir,
con un ángel que te cubre con sus alas
las estrellas de la noche serán tu cobertor
y la luna te sirvieran de almohada.

Solo tiene un defecto,
un corazón impulsivo
que a tu lado,
puede morir desangrado,
pero no es muy malo,
solo un poco mimoso e inquieto.

Se acostumbra uno fácilmente
a su latir quebrado,
es como un viejo osito de peluche,
no es hiriente,
solo un poco quisquilloso.

Tiene unas nobles mascotas
que cuidan de sus inquilinos
y los hacen mirar hacia dentro.

Bellos animales domésticos
son mi camello, mi águila, y mi león.
Aunque se haría sitio a tu loba,
Tu gaviota y tu pantera.

La casa es pulcra,
alegre y saludable,
tiene de fondo el mar,
los vientos y el aire,
y el canto de las aves.

Huele muy bien por dentro
si en el dormitorio de invitados
la albahaca el tomillo y la hiedra.

Se enhebran al verde apasionado
De los iris encantados
que a este corazón amenta.

Si no también esta aromatiza
pero a aire fresco,
A vendaval de ilusiones,
A sueños de abeja enmelada.

Luego tiene lo demás,
como cualquier casa que se precie,
su zaguán y su jardín.

Y una cocinita con una puerta
que da a un huerto,
donde pasa un arrollo claro,
y un caminito
que va en dirección al cielo,

Por algo vivo muy lejos del infierno,
en el paseo de la gloria,
muy cerca del arco iris,
donde recoge el agua la noria.

Aunque no lo creas todo no son,
borreguitos blancos
y nubes de algodón.

De, vez en cuando,
y solo de vez en cuando,
me visita, algún amigo
de la calle del infierno.

No son mala gente,
ni tienen rabos ni cuernos,
son gente como tú y yo.

Eso sí,
no saben del camino interno,
ese que procura,
la solidaridad humana
el perfeccionamiento interior
creciendo la justicia en el amor.

Ellos solo ven una larga fila,
y mejor estar el primero,
que en medio o el último,
sálvese quien pueda.

Los demás no son su vida,
no les pertenece sus historias
que un mal rayo les parta.

A ellos no les importa nada
a quien se pisotea en el camino,
solo avanzar en la línea larga.

Se creen con derecho de superioridad
y se olvidan, que solo son almas,
con tanto derecho como otra alma.

La vida es un regalo, un azar,
una casualidad cuántica,
de este universo desbocado.

Ya tuvieron suerte
en la rueda de la fortuna,
para estar agradecidos.

Los parias,
los desposeídos de la tierra
los pobres,
para ellos no cuentan.

Son los cínicos patricios
de esta sociedad consumista,
de este caos evolucionista,
los sin alma, los sin dios.

En un corazón noble,
si Dios no llamo a su puerta,
solo hay que seguir el camino,
está lleno de señales,
que tus animales
te pueden hacer distinguir.

Que no haría yo
Sin mi camello y mi león
Para convertirme en niño.

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