miércoles, 10 de noviembre de 2010

Desde my ventana


Desde my ventana


Cúmulos plomizos hilados de algodón, se rinden a un nuevo Sol que despierta hiriente desmarañando las tinieblas.

Se recorta en el horizonte, cordilleras y montes entre un paisaje alfombrado de olivos.

Lomas preñadas de negra aceituna, maduran en su regazo los sueños oleos del campesino,

La tierra huela a mojada, con un aroma que exhala la sed de la ocre tierra.
Las plegarias del pueblo fueron satisfechas, rogando a la virgen de Guadalupe la patrona de esta tierra , San Isidro y Jesús el nazareno, llamado el de las aguas, en esa semana tan nuestra.

Entre lomas, el arco iris se muestra en su grandeza, consolidando el pacto con Dios, pero solo a medias,
que no se embarren los campos, y la cosecha sea buena.

Las torres de las iglesias, raspan desafiantes el cielo
coronando con la cruz estas tierras fronterizas,
reconquistadas a la media luna allá por el Medievo.

La forja y el bronce tildan a toque en alguna que otra campana vieja, llamando a los feligreses a misa nueva.

La ciudad madrugadora se despereza, y el Sol embozado entre las nubes hace guiños radiantes en las plazas y las callejas.

El aire es templado y húmedo, trayendo en sus efluvios paladares de humo.
hogueras que se alzan al cielo dibujando en su enredo filamentos blanquecinos.

Hogares de pestugas y ramón que en el campo calientan a cuadrillas al son del crispar en la candela el chorizo y la morcilla, es la hora de un tente en pie a la espera del descharche en la madera.

Viejos troncos retorcidos se acunan a la tierra, enfilados a sus lomas hacen mares en nuestra tierra.
Verde que te quiero verde, verde trigo y verde rama, como dijo el gran poeta.
En tus olivares se acaricia la fragancia y la nobleza.

La aceituna amoratada se va sorbiendo los soles junto a la verde y negra va collendo en los montones.
Apaleada la arboleda, respinga los nuevos brotes que con esmero y cariño prometen nuevas flores.

Los ecos del viento traen cantos de gorriones y algún que otro zorzal prendado de mil amores.
Las palomas de las torres vuelan en bandadas,
y en las rutas del otoñal hacen expertas picadas buscando el sustento de la mañana.

Al otro lado de la calle, frente a mi ventana,
hay un gato que se acicala, se lame con parsimonia, en la cornisa de un tejado, mientras un perro le ladra pensando en un buen bocado, y este indiferente le mira desafiante, sabiendo que no pasara nada.

Un murmullo a motores ronronea la ciudad, la gente corre al trabajo, se desplaza de aquí para allá y en la urbe mañanera,
a las puertas de los bares hay un tufillo a café y tostada regada con oro verde.

Los tejados son un puzles de ocres rojos y amarillos, por donde se deslizan trémulas las ondas sonoras de reloj de la torre, atalaya horaria mitad mora y cristiana estandarte de la ciudad amurallada.

Dan las ocho, y en la plaza las campanadas se disuelven al medrar en los soportales.
El Sol dibuja, de luz y de sombras, los espacios detenidos en las nubes

El tiempo quedo detenido, y vienen a mi mente, un ramillete de recuerdos. Un olor a pan nuevo y calentito, dos ochios a la barja junto a la botella de anís con vino, un clarete del pueblo vecino.
Arrieros y muleros esperan la orden del guillo, cargados con todos los aperos , el cribon y los mantones de vieja lona de hilo, las varas de castaño entrelazadas a las pleitas.

Algún que otro serón para aprovechar el camino, al pudridero de estiércol para abonar los olivos.
El lucero matutino me recuerda aquellas madrugadas de frio,
y unos ojos de cándala me enervan y me quitan el frio,
¿qué será de aquella moza? ¿qué será de su historia?
¡ donde quedo aquel cielo ladino!.

Donde perfumara ahora la rosa, de aquel pelo etéreo y fornido, habrá encontrado ya el perfume su esencia milagrosa.
sigue con sus espinas, tan delicadas mi amiga Rosa.

Aquella mujer moruna que regalaba en los otoños violetas, y pisaba alfombras de orquídeas.
Aquella mujer misteriosa, que no hablaba de amor, sino de entrañas.

Aquellos labios ardientes, que decían te quiero, aquella voz misteriosa, que se helaba en las sombras.
Una mujer felina, que te arrulla, y al mismo tiempo te araña y te odia.
¿como termina la historia?
que no sea tiempo perdido.

1 comentario:

  1. Hola, hoy me confundí con el canto de tus olivares, con la fuerza de tu musa que nos cuenta de tu tierra, de tus amores, las imágenes se desplazan en mi mente como una lluvia finita que penetra cada rincón con su humedad, siento que este relato que plasmaste tan hermosamente esta en ti, que orgulloso abres esta puerta para compartirlo. Precioso amigo.

    Besos

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