domingo, 25 de mayo de 2014

EL ENCUENTRO


EL ENCUENTRO

Después de una mañana viajando con el coche por fin tuve el valor de tomar esa decisión que hace tiempo rondaba la cabeza.
Me pare a pocos kilómetros de mi destino en un mesón muy pintoresco cerca de la carretera allí apacigüe el hambre, la nostalgia y alivie la vejiga.
La tarde era espectacular, y una vez en mi destino la brisa del cielo me sabia a mar, y me fui a tomar un cafelito, en una de estas cafeterías del paseo marítimo junto al puerto.
La rosaleda es un bonito lugar con sus pérgolas mirando
al mar, y de fondo el roquero con su eterna estrofa de agua.
No estaba nada mal para comenzar mi aventura de fin de semana,
sábado , las cinco de la tarde, como la hora fatídica taurina,
donde el oro la sangre y el percal, hacen cabriolas con la muerte y el aire.
El ambiente era apacible y agradable musitaba un eco melodioso y acogedor, que invitaba a la conversación y el dialogo.
En una mesita apartada, el aire hilvanaba regueros de humo.
De dos señoritas que hablaban, reían, contándose historias
que a otro extremo del loca, el intuía.
Será tonto, una de ellas decía,
_ dice que me quiere, que me ama, que me entregaría su alma, y no sabe de mi nada, nunca vio mi cara,
solo en fotografía.
Con una risa cómplice, la otra amiga asentía.
_Será hipócrita,
se cree que me trago ese cuento, a mi me la van a dar con queso, que se creerá este tío de internet,
Cuando el haya ido, yo ya habré vuelto,
ese no sabe de qué pasta estoy yo hecha.
Una sonrisa cruzó sus labios,
al par que la mano izaba la taza del sabroso café.
Una voz probablemente conocida decía:
_ Señorita, tiene usted fuego.
La taza callo de la mano, en los ojos cíclicos se cruzo el espanto, el alma se escapo en un vuelo.
Tomando el cigarro y apagándolo brutalmente en el cenicero
sonaron fuertes sus labios.
_Señor no tengo.
Una mirada como un filo cortante de navaja navego el espacio,
mientras que los otros ojos se tornaron brillando dos perlas acuosas marinas, se dio la media vuelta el desdichado aquel,
y la amiga sorprendida le dijo:
_ oye tía, estas colgada, que pasa.
_Nada nada, no pasa nada, una pesadilla que vino de un sueño, vino a visitarme.
Sus ojos se llenaron de tristeza, su alma se encontró de nuevo con ella, y sus sueños se quedaron lidiando a las cinco de la tarde, esa fatídica hora taurina, donde el amor
Y la muerte hacen cabriolas.

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