sábado, 16 de agosto de 2008

ATARDECER


Atardecer




Brilla en los añiles
Otoñales del radiante cielo,
Un sol acrisolado y tierno,
Que en los estertores
Taciturnos de la tarde,
Va abocando el destierro.


Las nubes vaporosas
Se cubren con flecos de fuego,
Y el tumultuoso lucero
Se viste con traje albo de cola,
El sol iracundo,
Se muere a los albores de la luna.


El aire se ruda y condensa
El viento se mueve sereno,
Las gasas granates del cielo se espesan,
Y el horizonte de seda
Se va cubriendo de luto y estrella.


Mi alma,
Melancólica danza,
Se imanta del recuerdo de ella,
Y cruza veloz en mi mente
El canto de una sirena.


Sus ojos de bello misterio,
Su ser apasionado y gema,
Su aura, bucólica hiedra,
Navega por el crepúsculo
Azul de la conciencia.


Mientras mi alma se agita
En los sarmientos celestes
Que persiguen su estela.

Una rafaga fugaz
Atraviesa el espacio,
Y un olor a carmín
Se enreda en mis labios.

La brisa pronuncia
Un ininteligible eco
Y el ardor de mi alma
Se incinera en sus brazos.

Miro al cielo,
Y el aire se condensa
En un sonoro te quiero.

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