sábado, 9 de agosto de 2008

CONTINENTE INCONCLUSO


Continente inconcluso



Estoy en ti, en la nebulosa cerebral de tu inconsciente, acariciando el prisma de tu ser, voluble, independiente, indomable.
Como la madre de un vino añejo, que madura la robustez del joven, dándole matices de color, sabor y aroma, enriqueciendo el patrimonio de su esencia.

Moldeando curvas a tu alma de mujer extrovertida.
Como tú estás en mí, llama apocalíptica que calientas y alumbras, consumiendo mi costado, canto rodado que caminas conmigo, piel de mi piel que se injerta a mi costilla, pensamiento apasionado que habita junto a mis sábanas y meces en las noches el sueño ilusionado abrigado a mi espíritu,
Poseso de un cuerpo desvalido.

Porque no me he ido, porque siempre estuve, porque nunca te he dejado y nos empuja igual fuerza, el mismo magnetismo, el influjo de este cielo que nos cubre, la telúrica fuerza de la tierra, el mismo abismo que nos contiene.

Polos opuestos de un imán que al ser divergentes por naturaleza, se contienen el uno en el otro, para seguir manando ese magnetismo, pues sin su contrario, seriamos otro hierro dulce, como tantos hierros dulces, oxidándonos en la maraña de tiempo.

Nos arrasa la misma marea; aunque tú seas el agua, el aire, la sal y la ola, y yo el naufrago intrépido que cabalgarte quiera subido a bordo en los resto de mi naufragio.

Para navegar sobre tu abdomen al son del rompiente y, bailar sobre tu frágil equilibrio de espuma; aunque me trague tu abismo y me envuelvas en un torbellino de agua y arena y el azul de tu vientre, me ahogue varado en el crepúsculo de tu indolencia.

Siempre habrá otra ola, siempre otra rompiente, siempre otras lagunas verdes que me asolen, que empujen mi vela, siempre una cálida palabra, que quiebre el ritmo de tu voz, o un suspiro latente, o una acaricia de asonancia, un verso o un poema,
Alguna lagrima furtiva, que se prendan de tus ojos como ese roció mañanero.

El agua que me lleva será mi continente, porque me embriagan sus olas.
La mar embravecida agita tempestades, se mueve convulsa, incontinua, agitando los abismos avísales…

Pero después de la tormenta viene la calma, la lluvia se remansa, y la cálida luna se refleja en sus espejos, y los barcos dejan doradas estelas sobre su flujo materno, surcos y quilla, timón que navega, abriendo caminos sobre las huellas verdes de la mar.

Fúndete en la espesura del horizonte
Sobre la comisura del viento
Extiende tus alas de Eva luciérnaga mujer,
Hacia la puesta del sol,
Que es ahí donde te espera
Mi triste corazón.
¡Tómalo!
Y mírame sin tormento
óvalos ágatas de pantera.

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