domingo, 30 de septiembre de 2007

CRISANTEMO



Crisantemo

Al atardecer llegan tenues
los matices sangrantes
que ensombrecen el ocaso.

En los pálidos celajes
centellean las estrellas
que acompañan a la luna,
en su paso infinito por la nebulosa,
ella viste su traje largo de cola.

El sol se ruboriza en su cortejo
al ver a la luna tan bella,
y sin tiempo,
paciente se esconde impotente
detrás de las montañas,
enarbolando su anhelo.

Los cielos mutados
de un azul casi celeste,
se tornan a granas, rojo y violeta,
poco a poco se oscurecen
dejando a una noche majestuosa.

Risueña la luna se peina
Sobre los estanques y el rio,
y un aroma en el aire,
me recuerda el amor mío.

Será el paisaje medieval
las montañas preñadas de olivos
O el sol que se acobija cautivo.

Será la luna brillante,
que inflama mi corazón herido
serán esos dos luceros
que resplandecen de verde brillo
o el paso de una gaviota
que grazna su amor perdido.

Fragmentos que trae la noche
como fugaces estrellas,
desafíos amorosos,
escritos en mil poemas.

Luciérnagas de luz
que fulguran en las tinieblas,
soledades férreas,
que se oxidan y naufragan,
amantes en los confines del mundo
aunque sea pequeña la distancia,
arboles pétreos
de solida materia ámbar.

Corazones que en la noche
sueñan que el amor es alba,
verde que te quiero verde
verdes ojos, labios granas,
de verde anda perdida la esperanza.



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