martes, 8 de enero de 2008

Rosa


Rosa

Aquella tarde como muchas tardes, Rosa cruzo la calle envuelta en un chal de grupo paño negro, el frio de diciembre helaban sus manos mientras apretaba una rugosa carta que había recibido del correo, con el paso presuroso, diligente e impaciente se dirigía a consultar a su vecina;
Una mujer un poco extraña, entrada en años, con el pelo cano, y siempre recogido en un rodete; Aquella viuda, madre de tres desventurados hijos ya muy crecidos, había rodado mucho por la vida.
Alcahueta, desde la más tierna infancia, se caso con un pícaro que nunca le dio un palo al agua.
Pero por el azar de la vida, y por las historias que siempre se traía entre manos,
nunca le falto el sustento en su familia;
Buena nota que tomo la viuda, para aplicar a su propia vida ahora que le faltaba el benefactor de su intendencia.
Y de aquí, a esta, aderezo su casa dándole un cierto aire de misterio, con algunos muebles viejos, y un animal de compañía,
Por supuesto un precioso gato negro, Ulises para ponerlo todo por cierto, así que por unas cuantas monedas, hablaba con los espíritu, te resolvía lo sin resuelto, echando los arcanos mayores en una tirada celta o la de la cruz o simplemente la del deseo, con cuatro naipes encima de la mesa.

Rosa llego al final de la calleja, de aquel callejón sin salida, y se detuvo en el número siete, un portón grande de madera centenaria enmohecido, como la propietaria del inmueble, pico la aldaba de la puerta,
Con un sonido hueco, casi tremebundo.

No paso más de un minuto, cuando el chirriante portón abrió una rendija, preguntando quien era.
Soy yo Rosa, señora Engracia, que vengo a consultarle unas cosillas.
Pase amiga mía, que hace un frio que pela, y siéntese al brasero,
Le dijo la dueña del lugar, acariciando a su gato negro, un momento y estoy enseguidita con usted, que es la hora de la merienda de Ulises , y es ponerle su leche en un tazón y el ratón que cazo esta mañana,
así que pase señora Rosa.
Rosa paso a el salón donde la madame echaba las cartas, un sitio tosco y austero, pero muy acogedor, un poco sombrío, pero la luz y el crepitar de la lumbre del hogar, lo embolia todo en un halo de misterio, un escenario perfecto para resolver cualquier trance, con un poquito de intuición y de sicología aplicada, con unos toques de empatía y de la larga experiencia acumulada.
Así que la señora Rosa, le conto su impronta, los celos que sentía por su marido, un hombre más joven que ella y de buen ver.
Dando cuatro pases mágicos la pitonisa explico, que aquel tarot siempre envuelto en un paño de seda, con una estampita del corazón de Jesús, y otra de la virgen María, estaba impregnado de buenos augurios y pertenecía desde siempre a una estirpe de magos,
Que poco se equivocaría.

Entre los efluvios de sándalo
Y la llama mortecina de la vela, la nigromante, fue echando carta a carta,
Con mucha parsimonia y arte teatrera, y contándole, lo que todo el mundo conocía, porque era de voz popular en el mundillo de las alcahuetas, que su Antonio se amancebaba con su vecina del final de la calle, una buena moza apretada en carnes, así que le conto esto, quitándole un poco de hierro,
Y diciéndole que él la quería, pero la tal María lo tenía embrujado, con un mal de ojo, que con unas cuantas monedas ella podría, deshacer el entuerto, preparándole un filtro de amor.
Que harían en su Antonio prodigios, y por otras cuantas más vengar la ofensa de la pecadora.
Que lo pensara bien i no le dijera nada a su marido, pues corría el gran peligro de quedarse descompuesta y sola.
Mejor sería que empeñase el collar bueno que heredo de su madre, ese de perlas que trajo su abuelo de oriente, cuando era marino mercante y con eso y un poquito más, ya se podría hacer algo; que las almas de dios que le ayudaban, necesitaban muchas misas que decir y pagar, para salir del purgatorio, y en tal agradecimiento obrarían milagros, que bien pensado seria una excelente cristiana, y así dios se lo tendría siempre en cuenta.
Agradecida Rosa, pago la minuta y se envolvió en su chal , y se fue pensativa a su casa.
Esta mujer sí que es una buena cristiana,
Me ayudara y volverán las aguas a su cauce.

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