viernes, 31 de agosto de 2007

DICEN QUE CUENTAN Y HABLAN

Dicen que cuentan y hablan

Cae fina la lluvia como el rocío
Y a tus ojos moja mi flor de olivo
Corona que posa cual mariposa
En tu alma alba
Para que despliegues tus alas de paloma



Dicen que cuentan y hablan,
de una historia en el tiempo
no muy lejana, que no es cuento.

Un trovador de otro tiempo,
que en una noche embrujada
de luna medio enlutada,
y de estrellas desconsolada,
se enamoro de una princesa
de ojos verdes de ensueño
como de hadas o de elfos.

Mágicas piedras esmeraldas,
que él nunca la vio,
más que en su adentro,
pero se la imagino en un balcón
mientras su trova cantaba.

Guardo para siempre su risa,
doblo su melodiosa voz,
bajo la almohada,
para que le hablara en los sueños,
memorizo algún que otro poema de amor,
que en lo alto de su torre declamaba.

Le pidió un insignificante obsequio
un mechoncito de su larga melena,
para hacer un prendedor de amor,
con un verso y su risa,
con su pelo y una flor,
que representara su amor.

Ella radiante, lucero
de albahaca y hiedra
como de un verso
de iris de menta.

Fugaz como el viento
o un rayo de luna
que atrapa el espejo del agua
en un estanque,
siluetas de ojos brillantes,
de estampas que un día
volaron el aire,
y perdurable
como el lienzo de un cuadro.

La verde manía, de poseer esmeraldas,
los iris de gata que miran al cielo
de verde esperanza,
hizo que el enamorado trovador
con cautela y perseverancia,
esperara el cabello.

Para unirlo a su anhelo,
Y así sin recelo trovarle sus versos.

Un mago envidioso y celoso
que a la princesa quería desposarla,
como no encontró su empeño,
la maldijo para siempre,
y a la doncella la convirtió
en gaviota solitaria.

Y quedo el trovero buscando a su anhelo
por toda la tierra, por todos los mares,
y no encontró al bien de sus males.

El no savia que el maligno hechicero
había hecho de su princesa un ave solitaria,
miro en todas partes, revolvió el cielo,
detrás de los luceros, debajo de la luna,
hasta dentro del agua.

así que un día entristecido se encamino a su casa,
y el correo le trajo una pequeña carta,
de olor a romero, de fresa por fuera,
y menta por dentro, y una inscripción que decía
no te hagas con esto un filtro de amor,
que es trampa.

Y allí entre la seda bordada de olor a corpiño
un mechón rubio de oro, atado con un hilito,
el componente que falta.

Presto de amor, y satisfecho,
unió el mechón al poema, el poema a la risa,
y la risa a la flor y la flor a un beso.

Y la mágica luna que hechiza las formas,
de noche danzando en la bruma,
al oído le conto la historia,
de una princesa hechizada y una gaviota,
y un ojo cómplice le guiño,
convirtiéndole en gaviota blanca.

Así cuento la historia que a mí me contaron,
si alguna vez a la orilla del mar,
cuando se pone el sol y sale la luna ,
veis a dos aves unidad viajando
en el espacio entorno a la luna.

No dudes que son, mi princesa del cuento
y su amante el trovador del empeño
que vuelan unidos hacia su nido de amor.


Hizo trampa el trovero, que de su prendedor,
hizo un elixir de amor.








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