domingo, 7 de diciembre de 2008

Un viento poniente


Un viento poniente


Silenciosa presencia
se acurruca a mi alma
cercenando el espacio
en la tiniebla de mi pecho.

Viste de grana sangrante,
redobla en su viejo tan tan,
en su golpe de ariete
se oxido la melancolía.

Y busca en la filantropía
los labios serenos
que reciten poesía
la lagrima oculta
que no me supiste dar.

La boca en espiral
que liben los sueños de nácar,
el destino de la proa de unos labios
y el suspiro de un palpitar.

El vacío me trae el compas
de mi arboleda perdida
y silban de nuevo
las copas altivas.

Que mecen sus ramas
ya casi dormidas
a un soplo de céfiro fresco.

Quizás mi lamento
empañen de savia
las hojas caídas,
que un día de mi vida
llevo el viento poniente.

1 comentario:

  1. Ayer pasamos por tu pueblo para ir a Granada, y al volver. La próxima, te aviso.

    Cuantos candados hoy!

    Un abrazo.

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