domingo, 2 de septiembre de 2007

TEMPLANZA


Templanza

Agoniza la tarde en pálidos naranjas,
fustiga un eco silbante el alma,
por las mejillas ruedan
sinsabores y lágrimas
caricias ya caducas
que sin haber nacido
mueren obsoletas de olvido.

Me preguntas, y me acallas,
me comparas, y me atenazas,
quieres ser el director de la sinfonía,
el organizador de mis emociones,
quieres que pinte un cuadro
con tus pinceles, con tus colores
y con tus gestos.

¿Quién dijo quien?
¿quién dijo vasta?
¿quién dijo de qué forma o de qué modo?

La gota de roció,
que acaricia las mejillas,
o la levedad del ser,
que evoca el alma,
quizás la noche tenga la respuesta
entre almohadones y sabanas,
quizás la liturgia del deseo
sodomice al ser,

Sicario vuela la ventura
en el cociente del amado
que sin haber parido aun
hoy ya ha abortado.

Piedra que en el vientre de la ostra,
nunca sabrá que su dolor
le porta perla maravillosa.

Las manos acarician
las bocas entrelazan y amarran
la vista sosiega el espíritu
la cercanía une las inquietudes,
la tierra necesita del sustento del agua,
en la distancia;
solo el olvido anida en la distancia.

Con el viento y el aire
solo se pueden tejer,
palabras sobre palabras
que arritmia la voz de la sangre,
no solo de las voces
vive el hijo del hombre,
no solo del condumio
gaseoso de la voz
Se alimenta la pasión y el espíritu.

Telúrico se muestra el vacio
cuando el eco es repetitivo
el amor no solo son vocablos
que ahueca el viento.

Necesita contacto,
necesita emotividad
carne palpable,
piel con piel,
boca con boca,
cuerpo con cuerpo.

Una mirada lasciva,
la mueca de una sonrisa
un gesto, un perfume,
el sabor, y la arome
que perfila mil sentimientos.

Descubrirse ante la igualdad
respetar las diferencias
ante lo efímero, ante lo desigual.

Somos carne de la carne
hombres y mujeres
que necesitan manifestarse
no solo en la dulzura
si no en la tolerancia.

Y respeto mutuo como persona,
como amigo, como amante,
como seso,
somos entes vivos,
que sudan y laboran,
se relacionan en la sordidez del tiempo,
y viven, cada cual en su existencia,
pero en un proyecto común,
el entendimiento, la perversidad
de fundirse el uno en el otro.

Pilares sustentatorios del templo
cada uno independiente y libre
soportando los sillares del amor.

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