jueves, 28 de agosto de 2008

El camino. Trazando sendas


El camino.
Trazando sendas


Baje desde la cumbre
a las vaguadas de este valle,
deje a mi camello y mi león
enfundándose en un cuerpo de niño,
creando una metamorfosis
para que todo fuese distinto.

De purezas e inocencias,
llene un corazón cobrizo
y el arrumbe de este cobre
poco a poco lo deshizo.

Cuando uno es como el camello,
cargado con todos los fardos del alma,
para conciliar el gran sínodo,
entre tu yo y tu ego
tu moralidad y tu espíritu
y el amado anhelo.

Y te aventuras a la travesía
en el desierto de la dislexia
del conocimiento de ti mismo
con un paisaje yerto, duna a duna
venciendo al sol y al reflejo del egoísmo.

Todos los pasos que das,
están pesados y bien medidos,
la trayectoria de tu conocimiento interno
te hace más capaz, menos voluble y mas etéreo.

Hasta llegar otra vez al oasis,
al remanso interior del alma,
y saciarse del agua esperada
apaciguando los manantiales de tus ansias,
aliviándose también de la carga
y descansar del camino impuesto.

Si esa agua en la poza
Del destino se hizo agreste,
y el lodo y el barro
la enturbiaron de alumbre
y la arena la engullo en su seno.

Y el camino se hizo largo
tortuoso para el camello,
al animal cansado y sediento
solo le queda morir en otro intento.

A no ser que el aguila
lo levante de este duelo
y le venga a rescatar,
y lo alce en blanco vuelo
a los manantiales de luz,
a las cumbres de las montañas.

Y lo sacie de las aguas cristalinas del cielo
bebiendo de las tormentas
y despejándose con el trueno
y deslumbrándose con el rayo
que le dé vigor su luminiscencia,
y el león que habita adentro
se despierte de su letargo
Lo libere de la carga
y le anime a subir otro sendero.


Reflexiono y le pregunto a mis animales,
al camello que llevo
las cargas de mis pesares,
a mi aguila que siempre voló
y fue libre en los cielos,
a mi león que me libero del infortunio
y me defendió ante la benevolencia
rugiendo a los temores,
y a ese hombre que se hizo niño
y quiso un día ser un súper hombre.

Todos callan y tibian la mirada
extendiendo los brazos
me señalan en el horizonte
el comienzo de un nuevo alba.

Retomare el camino
y seguiré a mi lucero
acompañado de mis animales
y buscare a mi compañera,
que también sea pastora.

Aunque ella en vez de perro tenga loba,
Y en vez de aguila una gaviota
Y su león sea de trapo,
Y en su alma ruja una pantera.

Seguiré haciendo estelas
Sobre las brumas del horizonte
hasta que zozobre en tu oído
la melodía de mi lamento,
y como una suave brisa
empape los efluvios
de tu pensamiento.

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