Agoniza la tarde

Agoniza la tarde
Agoniza la tarde
preñada de cobrizos anaranjados,
el horizonte granado
aborrega las cumbres del cielo.
La mirada se funde en el ocaso,
y oculta a este laberinto fatuo
la añoranza se desgarra,
vistiéndose de melosos iris verdes.
Indulgentes las nubes
se impresa en mis pupilas,
y una imagen ancla,
sus cenizas albas,
labra el sol,
las hendiduras de tu aura.
De los adentros,
un dolor seme derrama
y crónicos mis arcos desfallecen,
envidiando a otros labios,
ansiosos de su porte.
El canto taciturno de tu pecho
vagabundea por las moléculas del viento,
y este martilleo de galera,
corea, mi sístole y mi diástole.
Vaivén que estremece mi cuerpo
por los andamiajes del aire,
escariando tú piel en mi hueso
ansioso de un te quiero.
Filamentos ordeñados
de un sol que te traspasa
son los orgasmos de luz
que a mi alma abraza.
Retales ajironados
de un perfume sudor y lagrima
almizcle de los sentidos
fluidos de tus entrañas.
Caramelizada la pasión
se hace un cristal que raja,
fue tanto su dulzor,
que amargo su azúcar quemada.
Por eso quiero beber
de las aguas de tu cielo,
que desempalague mi garganta
y refresque mi cerebro.
Agoniza la tarde en un cielo índigo,
mi corazón sangra,
como este sol que se nos ha ido,
mañana la aurora estará conmigo,
pero tú ya te abras ido.