Sin melodía de piano

Sin melodía de piano
Perlado como un ánima blanca
penitencia el silencio
enclaustrado en el cuerpo,
en su sigilo recita tu nombre.
Perenne y crítico, su cilicio,
ejecuta, sentencia y cábala,
arremolinándose
en las corrientes del alma.
La ansiedad, cabalga sin mordaza,
se cabriola en la nostalgia,
es un jinete rabioso y pálido,
al encuentro de la nada
en las turbulencias del alba.
Huérfana quedo la noche
cercada en los salitres del silencio
solo un aire cálido y denso
a brisa los poros de la piel.
La boca seca,
amamanta sorbos de luna
destellos de la noche
que embriagan el querer.
Acre se siente la parda mirada aceituna
si otea ante los postigos de la luna
como se hacen indiferentes
los grilletes de unos iris verdes.
De menta, albahaca, de carmín anisado,
blanco tostado y brillo de cerveza,
montes de nata, con guindas de frambuesa,
tu vientre endiablado anida efervescencias,
catarsis de amor y oleadas de pureza.
Oceánicos Isis, carburos de un abismo,
resucita el cuerpo de tu amante
que yace inalterable en una estrella sin nombre,
esa que cada noche destella en tu horizonte.